¿Primero la gente?

“Atacar el bolsillo del consumidor es simplemente un remedio fácil e inmediato que no sana el mal sistémico que sufre la Isla”

En los últimos días, hemos escuchado un sinnúmero de expresiones e indicadores que presagian un porvenir altamente preocupante para Puerto Rico. Al mismo tiempo, hay un esfuerzo concertado de parte de la administración de turno para tratar de minimizar la inmensa seriedad de esa realidad y distraer la atención del Pueblo con otros asuntos de menos importancia.

Se trata de una serie de problemas que se veían venir hace tiempo. En una columna anterior (‘Desarrollo o decadencia’, abril 2011), estipulamos la realidad de los recortes federales y lo que implicaban para Puerto Rico. Igualmente, hemos alertado en este espacio sobre la delicada realidad del Sistema de Retiro y el efecto negativo que tiene en la economía la percepción de inestabilidad creada por el clima de incertidumbre debido a la falta de planificación y capacidad administrativa del gobierno actual.

Ninguna de estas consideraciones estaba ponderada con detenimiento en la campaña del Partido Popular, cuyo Programa de Gobierno rige la dirección de Puerto Rico por los próximos cuatro años. Lo que sí se esbozó en esa plataforma, bajo el lema ‘Primero la gente’ fue lo siguiente:

(1) Bajar el costo del agua, (2) bajar el costo de la luz, (3) reducir el crimen y (4) crear 50 mil empleos.
Obviamente, estas son propuestas generales, con las cuales cualquier persona sensata tiene que estar de acuerdo. Pero como dice el refrán, “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Nunca se presentó en esa plataforma un plan específico de cómo lograr esas metas. Sí se articulaba en el documento que para lograr esto e incentivar la economía, solo se necesitaba “redirigir los recursos que él (el gobernador Luis Fortuño) le ha dado a sus amigos” (Alejandro García Padilla, 25 octubre 2012).

La realidad es que en los primeros 50 días de su administración, García Padilla ha tenido que cambiar la tónica. Evaluemos. En los primeros dos puntos, ha hecho lo contrario: ha subido el agua y la luz; en el tercero no existe evidencia alguna de un plan de envergadura; y se ha visto cómo muchos recursos ahora se están ‘redirigiendo’ hacia los ‘amigos’ del bando rojo. En cuanto al cuarto punto, se aprobó a la ligera una ley con severos déficits de planificación y serias dudas de parte de un sinnúmero de expertos sobre la posibilidad y sustentabilidad real de crear 50 mil empleos en 18 meses.

De otra parte, vimos cómo el Gobernador estipuló que si los recortes federales entran en efecto, se verá obligado a despedir maestros y bomberos (MoneyNews.com, 24 febrero 2013). Paralelo a esto, se perfiló un ataque vil contra el Presidente del PNP, cuyo único objetivo era distraer la atención pública sobre la realidad social y económica de Puerto Rico.

Ese mismo día salieron varios reportes y opiniones destacando que los problemas eran generados por nosotros o por culpa de otros gobiernos y que todos tendremos que pagar. El problema con este modo de pensar es que intenta inmunizar a una administración de un evento económico (1) que ellos conocían, (2) para el cual no se prepararon, y (3) que ellos han inducido y catalizado con su propia proyección de incapacidad y falta de planificación.

Con esto en mente, hay que mantenerse al tanto en estas semanas de un sinnúmero de medidas que atentan contra el bolsillo del consumidor de manera histórica. Estas medidas (que rememoran la ‘medicina amarga’ de hace cuatro años) irán acompañadas por estribillos como “es lo necesario para el País” o “no hay otra alternativa”. A la misma vez, escucharemos supuestos ‘escándalos’ y un enfoque en otros asuntos no medulares para tratar de distraer la atención pública.

¿Es entonces atacar el bolsillo del consumidor –de la clase media y media baja, del pequeño empresario– la única alternativa para reactivar la economía y atender el déficit? NO, por supuesto que no. Atacar el bolsillo del consumidor es simplemente un remedio fácil e inmediato que no sana el mal sistémico que sufre la Isla. Es un claro indicador de la falta de planificación y visión que tiene este Gobierno.

Existen alternativas y alternativas reales. Solo hay que ser creativo y planificarlo de antemano. Utilizar la ciencia y las mejores prácticas para poder detallar una ruta y, lejos de ignorar los obstáculos, incluirlos para poder detallar la realidad con mayor precisión y profundidad. Un plan de verdadero progreso tiene que incluir la visión de un Puerto Rico que pueda aportar significativamente en la economía regional y global. Y debe identificar los nichos donde los puertorriqueños podemos ser competitivos y sobresalir. Esta es la visión que se tiene que esbozar para lograr un Puerto Rico de progreso.

Lamentablemente, la situación actual es que la consigna de ‘Primero la gente’ se ha convertido en ‘Primero [ir al bolsillo de] la gente’; una política errada que atenta contra el progreso de nuestro Pueblo. Escribo esto porque es importante señalar lo que está aconteciendo; entender que la propuesta de impactar al Pueblo no es la única opción, y justificarlo solo perpetúa la salida fácil, emblemática de la falta de capacidad y visión.

Solo con un plan ejecutable, basado en una visión clara y de vanguardia, nos encaminaremos hacia un mejor Puerto Rico.

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